La educación sin pasión es como un cuerpo sin alma


“La gente que sale adelante en este mundo es la gente que se levanta y busca las circunstancias que quiere, y si no las puede encontrar, las hace.” 

George Bernard Shaw



Actualmente estamos atravesando por momentos muy difíciles a nivel mundial, y la educación indudablemente es uno de los grandes remedios a tantos males que nos aquejan. Sin embargo tenemos las aulas infestadas por muchos docentes que se han estancado, quizá yo sea uno de ellos, quizás lo seas tú (siempre he dicho que no hay mejor juez y verdugo que la conciencia misma).  Este estancamiento no radica únicamente en metodologías, pues hay muchos “profesionales” que pueden parafrasear las tendencias más innovadoras de la educación, pueden realizar las planificaciones más sofisticadas y citar gran cantidad de recursos tecnológicos, sin embargo vemos que también hay métodos tradicionales que la neurociencia ratifican que son vitales para el desarrollo cognitivo de los alumnos.

Entonces donde radica el problema, pues desde mi punto de vista está en la PASIÓN, sí,  cuando  amamos apasionadamente no vemos defectos, no vemos obstáculos, es más  cada tropiezo se convierte en un aliciente. Cuando nos aventuramos en la carrera docente lo hacemos sintiéndonos superhéroes, pensando que con el simple hecho de obtener un título, ya somos capaces de influir en la vida de nuestros alumnos. Sin embargo cuando estamos frente a un grupo de personas, estamos frente a océanos de situaciones que llegan a convertirse en frustraciones y se pierden automáticamente todos los súper poderes que creíamos tener.

Si crees que ya perdiste tus poderes, es hora de buscar otros horizontes, la educación sin pasión es como un cuerpo sin alma, un simple bolsón que está ocupando un espacio pero que no puede crear, que no puede amar, que no puede sentir. No podemos exigir a nuestros alumnos que amen la escuela, si nosotros no amamos llegar a ella, si al llegar el lunes estamos deseando que sea viernes. Sé que no es fácil, sé que más de una vez hemos dicho que ya no sabemos qué hacer, pero también sé  que  no podemos concebir la vida lejos de las aulas si estamos en la vocación indicada.

En los últimos años he podido conocer a muchas personas que están marcando cambios importantes en la educación porque trasladan la misma fuera de las aulas, se olvidan de los textos para apreciar el contexto. ¿Cuántos no nos hemos apasionado con una observación astronómica? ¿Quiénes no desean informarse más cuando nos hablan sobre los fitoquímicos milagrosos para mejorar nuestra salud? ¿Quién no quiere aprender a redactar, cuando sabe que puede cambiar el destino de su comunidad o simplemente alegrarle el día a alguien más con una simple nota? Todos quieren un mundo diferente sin embargo son pocos los que se atreven a desafiar el sistema, un sistema que se ha encargado de aplastar sueños, que limita la creatividad, aun cuando predica  lo contrario.



Si eres docente tiembla; pues en tus manos están muchas vidas, pero principalmente la tuya, te has puesto a pensar que los alumnos de hoy serán los profesionales de mañana, aquellos que influyan en la vida de tus hijos, nietos o simplemente serán los líderes de tu vejez. Recuerda que el tiempo de cosecha es mayor que el de siembra.

 Así que reflexionemos sobre el desarrollo de  nuestra labor y el impacto que tuvo, tiene y tendrá. Aún estamos a tiempo de alimentar el alma que habita en cada cuerpo que llega a nuestras aulas.
“No culpes a los demás de tu mediocridad”.


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Atrévete  a crear, inventar y comunicar. 


Autora: 
PEM Brenda del Rosario Tepeu  Sián

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